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Teatro |
Mérida
es esa ciudad que si no has estado en Roma y te quieres hacer la
ilusión de vivir unas horas a lo
Quo Vadis, te puede servir más que de
sobra. Repito, no voy a sustituir a los del punto i, que están frente al
Museo de Arte Romano,
pero os tengo que decir, que este museo merece la pena verlo tanto como
el Teatro, el Anfiteatro y el Circo. Mi consejo, visitarlo en las horas de
más calor.
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Entrada combinada |
Ah! otra cosilla. Hay una
entrada combinada que cuesta
12€ y te permite ver varios monumentos y
restos antiguos. Sinceramente, lo que más merece la pena ver es el
Teatro, y el Anfiteatro, Los demás no sé por qué me parece que son
gratis, pero aún así te "pican" la entrada. De todas formas creo que
estos dos monumentos ya compensan la entrada más que de sobra. Si no
hace mucho calor recomiendo ver todos, y cuidado en la Alcazaba, hay una
especie de aljibe, que se llena de agua del río, y que tiene peces y
todo. Se baja por unos túneles que hay en el patio, que pasan un poco
desapercibidos y la gente no los ve. Es algo diferente.
Por
cierto para comer, no vais a tener problema, te asedian con folletos de
restaurantes. Nosotros fuimos dos días y gracias a dios no salimos
traumatizados gastronómicamente más que uno, el primero. Teníamos como
seis o siete folletitos con comidas, y nos decidimos por un chico muy
simpático que nos convenció de que además de buena comida, tendríamos su
simpatía. Mi chico y yo, somos dos almas de pollo, que nos creemos lo
que nos cuentan, así que con una sonrisa en la boca nos dirigimos al
idílico lugar...a ver la cruda realidad. Además de la realidad, estaba
crudo el pollo que nos pedimos, y una carne, que tenía también sabor de
antaño, por las veces que se había recalentado. Acompañaron a estos
ricos manjares unas migas de rancho y un revuelto de verduras que podría
salvarse de la quema. De postre a mi novio le trajeron una mouse de
chocolate del Dia, y a mi, un gel a medio descongelar con sabor dulce y
con escarcha por encima. El restaurante en cuestión era
Restaurante Minerva
No
sólo fue que la comida era intragable, es que no había nadie, el dueño
se estaba poniendo nervioso, ya que no hacía más que entrar y salir, y
de fondo en una televisión gigante, Colombo nos observaba y nos daba
conversación, porque a nosotros se nos había acabado nada más sentarnos.
Por fin apareció el simpático chico que nos convenció, al que nada más
entrar, el dueño le dio una colleja y lo mandó por ahí. He de decir que
la colleja parecía amistosa.
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Jardines del Teatro y Anfiteatro |
Al día siguiente, no repetimos en el mismo sitio para comer, y nos inclinamos por ir al
Restaurante Capitel
ya
que su dueño nos convenció de que su restaurante era para comer bien.
Esta vez no nos engañaron, este restaurante es de los mejores sitios
donde he comido y al mismo precio que el otro, un euro de diferencia les
separa en cuanto a coste del menú, y un abismo en cuanto a la calidad
de su cocina. Si tuviera que describirlo en dos palabras sería,
in-mejorable. A la cocinera o cocinero habría que darle tres besos, uno
por cada plato y el postre.
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Puerta del baño |
A la hora de salir por la noche, no
os puedo decir, estábamos rotos, dos horas de tren bucólico pastoril
diarias, de Cáceres a Mérida a través de dehesas sembradas de olivos, alcornoques, cerditos,
vacas, conejos correteando, y encinas. El recorrido turístico festivo de
las dos ciudades, que dan para pasearlas mucho y bien, nos han hecho
caer literalmente rendidos en la cama antes de media noche y dormir como
cestos en nuestra habitación con una sonrisa en la boca.
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Aquello está lleno de cigüeñas |

Hasta la próxima escapada, aunque yo aún sigo saboreando esta.